Spotlight, la apuesta más valiente de los Óscars

sábado, enero 30, 2016


–¡Me voy al cine!
–¿Qué película vas a ver? –pregunta mi padre, antes de que salga corriendo de casa.
Spotlight, una de las nominadas a los Óscars.
–¿Los Óscars? –se le ilumina la cara–, ¿y de qué trata?
– De los periodistas que destaparon los casos de pederastia que había dentro de la Iglesia hace unos años.
Mi padre, fiel devoto católico, arruga el entrecejo.
–¿No prefieres ir a ver la nueva de Rocky?, dicen que es muy buena...
–No, gracias.
Cierro la puerta tras mi paso.



Spotlight es una película muy atrevida, de guion duro, que hace estremecerse en la butaca. Basada en hechos reales, recrea la investigación periodística que llevaron a cabo entre 2001 y 2002 unos reporteros del Boston Globe, periódico local estadounidense. En 2003 ganaron el Premio Pulitzer gracias a este trabajo.
Indagaron en profundidad sobre los casos de abuso a menores que realizaron curas y otros miembros de la Iglesia católica en la ciudad de Boston. La excelente labor periodística entendiendo el periodismo como un servicio a la comunidad ayudó a que tras los reportajes, muchísimos casos silenciados empezaran a salir a la luz, alentados porque alguien hubiera contado la verdad.

Dirigida por Thomas McCarthy, quien ya había tocado temas similares como actor en The Wire. Aporta una visión sobria, con planos y narrativa sencillos, nada artístico, pomposo o petulante. Una elección acertada, pues el peso fuerte del film reside en la trama. Diálogos consistentes, que en alguna ocasión se pierden entre tanto nombre. Es una película de peso, seria, que trata al espectador con respeto. No te explica lo que está pasando en cada momento, sino que prefiere que lo vayamos averiguando y sacando por nuestra cuenta del contexto.

Los actores se mueven correctamente en sus papeles, sin resaltar ninguno sobre los demás. El protagonismo es colectivo, y se agradece, pues reafirma la sensación de equipo y unidad que había dentro de la redacción. Los reporteros Michael Rezendes (por Mark Ruffalo, actor de Hulk), Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams, True Detective, Sherlock Holmes), Matt Carroll (Brian d'Arcy James, músico y actor de teatro) y el editor Walter "Robby" Robinson (Michael Keaton, Birdman, Batman). Todos fueron esenciales, todos fueron héroes.

La recreación es perfecta. El ambiente de principios del 2000 se respira en toda la obra, esa decadencia tecnológica, con carcasas de ordenador amarillentas y despachos de cubículos de un blanco apagado. Las técnicas de investigación rudimentarias que utilizan los reporteros, rodeados de papeles, libros, tomando notas sin parar. Sí, sabemos que existe Internet, pero se matiza muy bien que es algo que aún está empezando; el traspaso al digital todavía no se ha dado y en ningún momento nos hace dudar de la época en que nos encontramos. Incluso se hace un recordatorio de los atentados del 11-S, que pararon la investigación durante unos meses.

La música de Howard Shore (El Señor de los Anillos, El Silencio de los Corderos) también es modesta, seleccionada en momentos muy precisos. Me gusta cómo se da uso del silencio para consolidar esa sensación de realismo. En las películas basadas en hechos reales a menudo se tiende a dramatizar en exceso la realidad, aportando una versión sensiblera y sufridora, a juego con bandas sonoras que pecan de melodramáticas. Spotlight no es el caso.



LA IGLESIA Y LA PEDERASTIA

En mi opinión personal, como digo en el título, me parece la propuesta más arriesgada a los Óscars de este año. Mucho más que La Chica Danesa de la que todo el mundo habla, donde Eddie Redmayne encarna a un travesti. Spotlight cuenta la historia real de niños que sufrieron abusos sexuales por parte de sacerdotes, y lo cuenta de un modo magistral. No es sensacionalista, no se centra de forma ruda y vulgar en los casos, sino que lo enfoca desde el lado periodístico. Tiene la esencia de un thriller, de las películas de juicios y tribunales, pero sin giros de guion subrealistas. Se ciñe a lo que es, porque no hace falta más para dejarnos con los pelos de punta.

Una trama que brilla no sólo por su temática, sino también por lo aterrador de la complejidad a la que llega la conspiración. Casos de pederastia conocidos por todo el colectivo eclesiástico, manipulados y sepultados en un silencio pactado para no manchar el nombre de la organización. A favor de los feligreses, parafraseando a un personaje: "No es lo mismo la Iglesia que la fe. La Iglesia está formada por personas, la fe es eterna e individual". Me gusta que se haga dicha distinción, pues no pretende ofender a los practicantes, al revés, los trata con respeto y sabe matizar las debidas diferencias. No se pone en tela de juicio una creencia, sino la acciones atroces de quienes participaron en esta pesadilla.

Es difícil de asimilar, porque Spotlight, aunque sea una película, no es una ficción. Lugares reales; nombres reales; datos reales; cifras perturbadoras, mucho más altas de lo que podríamos imaginar, y de nuevo, reales.

La pieza no ha tenido tanto bombo mediático como La Chica Danesa, anteriormente mencionada, ni como El Renacido de DiCaprio. Ayer en su estreno había apenas treinta personas en la sala de cine, algo que me sorprendió para mal. Sin embargo, recomiendo que todo el que pueda vaya a verla, porque además de entretener, conciencia de unos hechos que todos conocemos pero solemos olvidar, o pasar por alto, o que justificamos, reducimos, mermamos en nuestras cabezas. Además, es un ejemplo sobresaliente de la buena praxis del Periodismo (en mayúsculas) y lo necesario que es el cuarto poder para nuestra sociedad; un lavado de cara entre tanta prensa rosa, periodismo ciudadano y amarillismo barato.

Nadie saldrá indiferente de la sala.



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