Zootrópolis, superando todas las expectativas

viernes, febrero 12, 2016

Me siento en la butaca del cine, sin esperar de esta película más que pasar un rato agradable con mis sobrinos.
Se apagan las luces.
Tras casi dos horas de metraje, vuelven a encenderse.
Miro a mi novio por encima de la cabeza de los peques y los dos intercambiamos una sonrisa de complicidad. Estábamos muy equivocados.

Zootrópolis –o como yo prefiero, Zootopia– es increíble.


Llevaba desde hace meses viendo los tráilers y ninguno le hace justicia, al contrario, lo muestran como un lanzamiento para niños que pasará por las carteleras sin transcendencia alguna. Os doy el mismo mensaje que promueve la película: no os hagáis ideas preconcebidas.

En un mundo donde no existen los humanos, los animales –aunque según aprecié, se limitan a los mamíferos– han evolucionado hasta crear una civilización parecida a la nuestra. De la mano de Disney, sin el respaldo de su compañero Pixar, dirigida por Byron Howard (Enredados, Bolt) y Rich Moore (Rompe Ralph). Da gusto ver cómo la casa del Ratón Mickey se las vuelve a apañar para crear un mundo contemporáneo, alejado de los clásicos cuentos de hadas. Las calles de Zootrópolis están vivas, repletas de personajes en cada esquina con un propósito individual, cuidados hasta el más mínimo detalle. Concretamente hablo de unos 800.000 animales. Nunca parece que los 'extras' estén decorando la escena, sino que forman parte de ella. En este aspecto me recordó mucho a San Fransokyo, de Big Hero 6, donde el realismo contextual también es excepcional.

El universo de Zootrópolis se asemeja muchísimo a nuestra realidad, es normal tener Smartphones e incluso allí los CDs ya son tecnología obsoleta. Pero como es lógico, cuenta con sus peculiaridades, todo está adaptado a las necesidades de cada animal, como los conductos acuáticos por donde viajan los hipopótamos o las tuberías para hámsters. Se juega mucho con las alturas, desde puertas con múltiples escalas, hasta barrios enteros del tamaño de un roedor. La ciudad se divide en varios distritos según su clima: desértico, glaciar, tropical, etc. Cada uno de ellos con sus habitantes y estilos característicos.

Para colmo, se desarrolló un software específico para la película llamado Keep Alive, que mantiene cualquier minúsculo matiz en movimiento –sombras, pelaje... o las 30.000 hojas independientes con que cuenta cada árbol–. Este es un gran paso, incluso comparable con Frozen donde los elementos aún son estacionarios.

Un logro sobresaliente para la animación. El trabajo creativo que hay detrás de esta película es inmenso, su envergadura es tal que el 80% quedó fuera del resultado final.


Dejando a un lado el increíble acabado visual, la historia también ofrece mucho. Como toda buena película de corte familiar, su fin es transmitir unos valores al espectador. Asemejándose a las fábulas populares, lo que trata de explicar es que todos somos diferentes y eso es algo bueno. No debemos juzgar a nadie por su condición, ya sea presa o depredador –alegoría recurrente la crítica a la discriminación racial–. Del mismo modo, debemos ser conscientes de nuestras limitaciones, pero nunca dejar de perseguir por ello nuestros sueños.

La trama se centra en la investigación policial que realiza la agente Judy Hopps –animales antropomorfos y cine negro, no sé si es intencional o no, pero bebe mucho de Blacksad– , para tratar de encontrar a uno de los animales recientemente desaparecidos. Mucha acción, bastante más de la que uno espera. No recomiendo llevar a niños menores de 4 o 5 años dada la impresión, los sustos, que pueden causar ciertas escenas. Con un ritmo frenético in crescendo en la aventura por resolver el misterioso caso.

A resaltar los guiños puestos especialmente para los adultos, con referencias a El Padrino, Breaking Bad y King Kong/Godzilla, así como a títulos pasados y futuros de Disney. Asimismo, en ocasiones se critican los clásicos patrones conductuales Disney, algo que alabo pues siempre está bien hacer autoanálisis.


Los protagonistas son simpáticos, con personalidades correctamente construidas.

Por un lado está Judy Hopps, agente de policía novata. Sus padres le instan a que se quede con ellos en la granja, plantando zanahorias por el resto de su vida, pero ella trabaja duro hasta alcanzar lo que parecía un sueño imposible: ser el primer conejo policía. A pesar de haber sido la mejor cadete de su promoción, debido a su raza es rechazada por el resto del cuerpo. Se encubre así una crítica a la discriminación de género, pues es la única mujer policía de la comisaría; su jefe le encasqueta trabajos menores y ella misma se indigna, negándose a "ser un florero". 

Por otro lado encontramos a Nick Wilde, un zorro al que la vida no le ha dejado más opción que comportarse como tal. Astuto, embustero, ladrón. A diferencia de Hopps, Wilde asumió con resignación lo que veían los demás cuando le miraban, hasta terminar por convertirse en dicho reflejo. Sueños frustrados y vidas reducidas a un estereotipo marcado por la sociedad.

En las historias de ambos personajes, quienes les rodean han sido prejuiciosos con ellos, dejándose llevar por las apariencias. Se ve claramente cómo la película critica esta actitud e invita a ser tolerante, a mirar más allá y nunca dejarte achantar por la condición con que te ha tocado vivir.


Por último, hablaré de la música.

En los trailers y los medios se hace mucho hincapié en la figura promocional de Shakira, dando vida al "personaje" de Gazelle. Debo aclarar que sus apariciones no llegan a ser ni anecdóticas, un par de carteles de fondo en algunos escenarios y el espacio de los créditos acompañado por la cancioncita pop de turno. Parece que fue Shakira quien pagó a Disney por aparecer, y no al revés. Sinceramente, lo agradecí, pues en los anuncios da la impresión de que Gazelle cuenta con gran protagonismo, cuando no es así: publicidad engañosa que da una mala imagen del film. Como si estuviéramos ante una película menor, de segunda categoría, cuando no lo es.

De hecho, si estáis aliviados porque Zootrópolis no sea una excusa para entonar el waka waka, debéis saber que ni un solo animal canta. Nada de números musicales con los que expresar los sentimientos de los personajes. Para rematar, la banda sonora cuenta con uno de mis compositores predilectos: Michael Giacchino (Lost, Up, Ratatouille, Los Increíbles). No puede pedirse nada mejor.


En resumen, Zootrópolis es una película que está a la altura de los grandes de su género. Muy entretenida, de humor sencillo pero no simple y con un mensaje digno. La disfrutarán los niños, pero sobre todo los adultos, al ser capaces de decodificar las referencias y los matices que guarda.


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